Biden asumió la Presidencia y prometió “un nuevo día” para EEUU

El demócrata Joe Biden se convirtió en el 46° presidente de Estados Unidos y, tras proclamar que “prevaleció la democracia”, prometió “un nuevo día” para un país profundamente dividido y sumido en una confluencia de crisis sin precedentes.

 

En un hecho sin precedentes, poco antes de que Biden jurara el cargo, Kamala Harris juró el suyo y se convirtió en la primera vicepresidenta mujer de Estados Unidos y en la mujer con el puesto de más alto rango en la historia del país.

La ceremonia de investidura en las escalinatas del edificio del Congreso, una sagrada tradición de la democracia estadounidense, reflejó los desafíos que enfrentan Biden, un veterano político de 78 años, y Harris, de 56.

En primer lugar, la asunción se realizó con un Capitolio aún sacudido por un ataque de partidarios de Trump hace dos semanas para evitar la validación del triunfo electoral de Biden, rodeado de fuerzas de seguridad y privado de las habituales multitudes por el coronavirus.

Las medidas de seguridad en la ceremonia fueron excepcionales.

Unos 25.000 miembros de la Guardia Nacional y miles de policías de todo el país fueron desplegados y la jornada no contó con las multitudes que tradicionalmente llenan la enorme explanada del “National Mall” para saludar al flamante mandatario. En cambio, ese espacio estuvo cubierto por más de 190.000 banderas plantadas para representar al público ausente.

Los estadounidenses fueron exhortados a quedarse en casa para evitar una mayor propagación de un virus que ya mató a 400.000 personas en Estados Unidos, infectó a 24,5 millones y llevó a la recesión a la primera economía mundial tras diez años de crecimiento.

“La voluntad del pueblo fue escuchada, y la voluntad del pueblo fue obedecida. Otra vez aprendimos que la democracia es preciosa y frágil. A esta hora, amigos míos, prevaleció la democracia”, dijo Biden en su discurso de asunción.

“Hoy es el día de la democracia. Este es un día para la historia y un día de esperanza, de renovación y firmeza”, agregó.

Luego aludió de inmediato a las urgencias del país, sobre todo al coronavirus.

“Tenemos mucho que hacer en este invierno peligroso (…) Pocas personas en la historia de nuestra nación (…) se encontraron con una época más desafiante o difícil que en la que estamos ahora”, afirmó.

El exvicepresidente y exsenador demócrata llega a la Casa Blanca presentándose como un unificador de un país dividido, sacudido y maltrecho tras cuatro años de presidencia del republicano Trump.

Horas antes de la investidura, Trump, uno de los presidentes más polémicos de la historia de Estados Unidos, salió de la Casa Blanca por última vez como mandatario y partió hacia su retiro en Florida, dejando detrás un legado de caos y una nación fracturada.

“Volveremos de alguna manera”, dijo el republicano en declaraciones de despedida en la base aérea de Andrews, cerca de Washington, al pie del avión presidencial que luego lo llevó a Florida, donde se recluyó en su club de golf de Mar-a-Lago, en Palm Beach.

Aunque Trump deseó buena suerte al futuro gobierno por segunda vez en dos días, otra vez evitó mencionar a Biden por su nombre, y hasta ahora no solo nunca lo felicitó, sino que, en un hecho sin precedentes en 150 años, faltó a su investidura en Washington.

Los expresidentes Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton sí estuvieron, en cambio, en la asunción, que quedó inscrita en los libros de historia, en particular por el ascenso, por primera vez, de una mujer a la Vicepresidencia de la primera potencia.

Harris, de 56 años, hija de inmigrantes indios y jamaicanos, será además la primera persona negra en ser vicepresidente.

Trump, en tanto, llegó a su club Mar-a-Lago en Florida poco antes de la solemne inauguración del mandato de Biden. Cientos de partidarios bordearon la autopista que lo condujo a su residencia agitando banderas de su campaña electoral y de Estados Unidos, informó la agencia de noticias AFP.

En el final de un mandato marcado por los escándalos, Trump dejó el poder con su nivel más bajo de popularidad, abandonado por muchos y sometido a juicio político por haber incitado el ataque del 6 de enero al Capitolio.

Biden, en cambio, llegó al poder rodeado de un apoyo que trasciende a su partido y, tras medio siglo en política, buscó marcar desde el primer día el contraste, tanto en la forma como en el fondo, con su antecesor.

En un acto de fuerte simbolismo, Biden, el segundo presidente católico de la historia del país, asistió esta mañana a una misa en la catedral de San Mateo de Washington -donde se realizó el funeral del primer mandatario católico, John F. Kennedy- acompañado por líderes demócratas y republicanos del Congreso, en una muestra de unidad a horas del inicio de su mandato.

Pero no todo fue simbolismo. Biden tiene previsto firmar en sus primeras horas de Gobierno una serie de decretos sobre clima, inmigración, relaciones exteriores y la gestión de la pandemia, que marcan una primera ruptura importante con el gobierno anterior.

 

 

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